Los riegos de las redes sociales para los menores

Recientemente aparecía en los medios de comunicación la noticia de que Facebook está pensando la posibilidad de permitir el acceso a menores de 13 años articulando tecnológicamente un sistema para que las cuentas o perfiles de tales menores estuvieran conectados con los de sus padres, de tal suerte que serían estos últimos, y no los menores, los que decidirían qué amigos aceptan, qué aplicaciones pueden utilizar, qué contenido pueden compartir, etc.

No obstante, según un estudio reciente más de 7,5 millones de menores ya disponen de un perfil en Facebook, bien por haber falseado sus datos para el registro, bien por contar para ello con el auxilio de sus progenitores. Ello suscita diversos interrogantes de no sencilla respuesta ¿deben realmente los menores participar en las redes sociales?¿qué riesgos y problemas se derivan de ello?¿qué soluciones pueden arbitrarse para evitarlos?

Entre el elenco de derechos que reconoce a los niños la Convención de la ONU de 1989 se halla el de la libertad de expresión (artículo 11) que incluye no sólo la libertad de difundir informaciones e ideas de todo tipo, sino también la libertad de buscar y recibir tales informaciones, pero que uno de los medios para el ejercicio de tal derecho deban ser las redes sociales ya es harina de otro costal, principalmente por los peligros que las mismas conllevan.

En primer lugar, el procedimiento de registro en las redes sociales resulta claramente deficiente cuando únicamente es preciso facilitar para ello un nombre, apellidos, correo electrónico válido y la fecha de nacimiento. Datos todos ellos que pueden ser falsos, en tanto que no respondan a ninguna identidad real o porque correspondan a una persona distinta a la que efectúa el registro (usurpación de identidad), y propiciar la utilización del anonimato para los más diversos fines ilícitos.

Para minimizar este riesgo bastaría con requerir la aportación de un documento de identidad de la persona que solicita el registro y, en caso de ser menor, requerir asimismo el de sus progenitores o tutores (conviene recordar que, conforme a lo dispuesto en el artículo 2.1 del Real Decreto 1553/2005 que lo regula, dicho instrumento identificativo es obligatorio para todos los residentes en España mayores de 14 años). El riesgo no se elimina absolutamente pues siempre será factible falsificar DNI, utilizar DNIs perdidos o sustraídos a sus legítimos titulares, etc.

De otro lado, la seguridad de las redes sociales es otro aspecto que, sin duda, debe mejorar sustancialmente pues no son pocos los casos de personas que descubren o captan las contraseñas de los usuarios de tales redes para, suplantando su identidad, enviar mensajes o fotos a terceros, ya con ánimo meramente jocoso, ya con intenciones ilícitas (amenazas, acoso, grooming, etc.), lo cual resulta especialmente alarmante cuando tales usuarios son menores. La solución pasa indefectiblemente por requerir contraseñas de mayor complejidad, que se cambien con frecuencia, advertir que no se faciliten a terceros, salvo a los progenitores o tutores, y, sobre todo, mejorar el procedimiento de recuperación de las mismas en caso de pérdida u olvido, pues es una de las vías más utilizadas para el acceso inconsentido a la cuenta por terceros.

Otro de los riesgos que entraña la utilización de las redes sociales por los menores radica en que, a través de las mismas pueden ser objeto del denominado ciberbullying o acoso por parte de otros menores. Sin duda el control parental del uso de las redes sociales minimizaría esta práctica que se está extendiendo del ámbito escolar a este nuevo espacio digital, pues no olvidemos que serán los padres y tutores los que, en último término, deberán asumir la responsabilidad por las conductas de ciberbullying que realicen sus hijos o tutelados (artículo 1903 Código civil).

Por último, hay que advertir que la libre utilización de las redes sociales por los menores, sin la supervisión de sus progenitores o tutores, puede provocar que compartan contenido propio que les genere problemas (p. ej. las prácticas de sexting), que profieran comentarios ofensivos o injuriosos respecto de terceras personas, que efectúen amenazas, que utilicen contenido ajeno infringiendo derechos de propiedad intelectual o industrial, etc., conductas todas ellas que revierten, inexorablemente, en una asunción de responsabilidad por parte de los padres o tutores que tienen el deber de velar por ellos (artículos 154 y 269 Cc).

La solución a tales problemas sin coartar la libertad de expresión de los menores puede ser crear redes sociales específicas para menores, en las que verdaderamente se restrinja el acceso a los mismos, que cuente con un software de filtrado de contenidos y en el que la vigilancia por los administradores de la página sea continuo. Entre tanto, una adecuada educación por parte de los padres y tutores, ser el administrador del equipo utilizado por el menor para navegar por Internet y contar con el adecuado asesoramiento jurídico de especialistas en caso de detectar usos ilícitos de la red por parte de terceros, son las vías para que la experiencia de las redes sociales sea positiva para nuestros menores.

http://www.visualizalegal.es/los-riesgos-de-las-redes-sociales-para-los-menores/

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