La comunicación en la familia

Los dos grandes tipos de comunicación que podemos encontrar son:

La COMUNICACIÓN VERBAL se centra en “lo que se dice”. Se realiza continuamente y consiste básicamente en hablar. Proporciona al otro

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un conocimiento exacto de lo que se quiere decir, aunque tal conocimiento es puramente intelectual, y muchas veces le falta “algo” para establecer una verdadera relación interpersonal.

La COMUNICACIÓN NO-VERBAL es más variada: (tono de voz, gestos, postura, el mismo silencio cuando se decide no comunicarse, la enfermedad, el lenguaje sintomático, la agresividad…). En definitiva se centra en lo que se dice con gestos o lenguaje corporal. Su base está en lo aprendido en las etapas preverbales de la maduración (antes de aprender a hablar), cuando aprendemos de nuestros padres inflexiones de voz, tono, ritmo, contacto de las manos, movimientos del rostro, expresión, ruidos… Es una comunicación un poco más confusa que la verbal, por lo que necesita una traducción según el contexto en que se dé. Con este tipo de comunicación hay que tener cuidado ya que puede provocar conflictos. Muchos “malentendidos” a nivel de pareja o en las relaciones familiares se deben a una mala traducción del lenguaje no-verbal.

 

En cuanto a los niveles en que puede establecerse la comunicación, vamos a destacar tres:

Comunicación informativa: es cuando sólo se dice “lo que ha pasado”. Simplemente se informa de lo que se ha visto, oído, hecho. Es una comunicación “tipo telediario”, con la que nunca sabemos lo que la información supone para quien habla.

Comunicación racional: Es cuando se da la información y al mismo tiempo se dan especulaciones, reflexiones personales, etc. sobre la noticia dada. Es un poco una comunicación formativa o manipulativa, porque junto al hecho que se transmite se pretende actuar sobre el otro. En la familia se usa como vehículo transmisor de pautas, valores o normas…

Comunicación emotiva (profunda): Se da cuando mientras se transmite la información o los hechos, se transmiten también sentimientos, afectos, emociones, estados de ánimo. Es una comunicación más íntima, con la que se expresan sentimientos, se gratifica, el otro conoce tus valores personales sobre lo que expresas, se transmite qué nos hace sentir en un momento dado algo, etc. En una familia este último nivel supone una verdadera comunicación. La falta de niveles profundos de comunicación familiar tiene efectos como: no saber qué quiere el otro, qué necesita, qué busca, de qué es capaz, se produce pobreza emocional en el comportamiento, falta de ternura expresada y sentida, búsqueda de tales gratificaciones en otro lugar…y todo ello de manera compulsiva (arrebatos, impulsos…).

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Para que una familia funcione correctamente, sin malentendidos, debe existir comunicación continuamente, sobre todo con los hijos. Los niños atraviesan periodos a lo largo de su vida que no son fáciles. Para conseguir que estos periodos sean más “llevaderos” debe existir una correcta comunicación entre los padres y el niño.

Desde mi punto de vista, para una correcta comunicación familiar se tiene que hacer uso de los tres niveles citados anteriormente, si se hace un uso considerado y equitativo de estos niveles de comunicación, las relaciones padres-hijos mejorarán y se podrán sacar resultados provechosos.

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